Cosas de la vida

León, mi tierra. Día de tristeza y amargura

Seis han sido las vidas que el maldito grisú se ha llevado en León. Otra maldita vez.
Y es que, con todos los avances, con todas las nuevas tecnologías, todavía no hay quién ponga frenó a este asesino de mineros y destructor de familias.
Mi familia paterna es de Olleros de Sabero, zona minera por excelencia al norte de León, y mi padre me ha contado historias como las de hoy, llenas de amargura y tristeza, incluso una en la que su padre -mi abuelo- fue afectado al seccionarle un vagoneta de las del carbón la pierna derecha por encima de la rodilla cuando contaba con cinco añitos de edad, para tener la suerte, según sus palabras, de poder utilizar pata de palo toda su vida (un ser humano fuerte y duro mi abuelo). Eran y son personas de otra pasta, duros, trabajadores, con la conciencia tranquila y la casi seguridad de fallecimiento prematuro por accidente o por enfermedad pulmonar. Son gente de verdad, auténticos seres de otra época con los que tenemos el privilegio de convivir en la nuestra.
Sin duda, Dios estará agradecido de recibirles a su lado. Santa Bárbara, patrona de los mineros les ha acompañado a su lado para que sean los Ángeles de la guarda de todos sus compañeros y para que le ayuden a hacer más grande el cielo con su cavar y picar.
Estas son las noticias que no quiero recibir de mi tierra.
Para todas sus familias un enorme abrazo y mi más sentido pésama. Y para ellos, descansad en paz amigos, descansad en paz.

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